En cuestión de horas, quizás la mayor superestrella que ha dado el wrestling japonés en toda su historia dirá adiós al ring. Colgará las botas con un Tokyo Dome lleno hasta la bandera (algo que no ocurría desde hace décadas) el icónico Hiroshi Tanahashi. El “Ace of the Universe”, el “Once in a Century Talent”, el icónico Tanahashi dirá adiós a la lucha libre y a New Japan tras una carrera de poco más de 26 años al servicio del león de Shin Nihon, una compañía por la que ha dado todo y seguirá haciéndolo en un despacho lejos del encordado. Ante este gran cierre de carrera en la vigésima edición de Wrestle Kingdom he decidido recuperar esta sección dentro de mi blog aprovechando que no solo el cuatro de enero se terminará una carrera legendaria sino que también se cerrará una rivalidad histórica. Así que hoy repasaré el duelo por ser el número uno que tantos años duró y que fue tan trascendental para establecer a New Japan Pro Wrestling como la mejor compañía de wrestling del mundo en la década de los 2010. Hoy toca hablar de la rivalidad de Hiroshi Tanahashi y Kazuchika Okada.
Hiroshi Tanahashi estaba destinado a grandeza desde un principio, aunque primero parecía que sería por puro pedigree para luego ser por pura resiliencia e instinto de supervivencia. Desde joven su destino era la grandeza al igual que sus compañeros de promoción Katsuyori Shibata y Shinsuke Nakamura, tal era la expectativa puesta en ellos que fueron nombrados “Los Nuevos Tres Mosqueteros”, un título que poseyeron en su momento iconos del wrestling nipón como Keiji Muto, Masahiro Chono y Shinya Hashimoto. Eran el futuro de NJPW y por ello la responsabilidad era un gran peso sobre sus hombros, sobre todo cuando habían sido catalogados con la misma etiqueta que tuvieron tres de los más icónicos luchadores del wrestling japonés en los 90 y 2000. Todo esto quizás les pesó demasiado, y junto al hecho de que la compañía a principios de siglo era un desastre hizo que este trío brillara en circunstancias distintas en momentos distintos. Katsuyori Shibata abandonó el barco en 2005, Shinsuke Nakamura debía de ser el siguiente “ace” pero decisiones y problemas tanto propios como externos hicieron que no se asentase e Hiroshi Tanahashi tuvo que pelear contra viento y marea para pasar de ser solamente el coetáneo de Nakamura a algo más. En una época donde Inoki quiso convertir a NJPW en una pseudo-MMA, donde se le dieron las llaves del castillo a un Brock Lesnar al que no le importaba nada y donde la compañía estaba en una situación económica y creativa durísima, Tanahashi se cargó New Japan a la espalda junto a otros pocos como el mencionado Nakamura para sacar de un pozo oscurísimo a la compañía y elevarla hasta lo visto una década después. Para ello necesitó una mano, Nakamura fue la primera ayuda pero la segunda y quizás más importante fue la del Rainmaker, la de Kazuchika Okada. Al igual que su compañero de historia, Okada tuvo un inicio de carrera curioso, un talento prometedor que tuvo que pasar por momentos duros. Quizás el Rainmaker no tuvo tanta suerte, seis años entrenando entre la escuela de Toryumon y el dojo de NJPW para que su primera toma de contacto real fuera en una TNA que lo trató como una broma de mal gusto (quizás uno de los motivos por los que la relación entre ambas empresas acabó por romperse). Regresó a Japón en 2011 pero las cosas no empezaron con buen pie, así que el de Aichi tuvo que reinventarse en los últimos meses del año para el que sería su segundo debut, en Wrestle Kingdom VI
El 4 de enero de 2012 fue un día muy distinto para ambos luchadores. Kazuchika Okada regresaba a la acción con un look y arsenal nuevos ante YOSHI-HASHI en el que fue un combate lamentable como poco y con un Okada que lucía ridículo a la par que su nuevo Rainmaker era uno de los peores Lariats visto en la lucha libre. Por otro lado, Hiroshi Tanahashi encabezaba el Tokyo Dome junto a Minoru Suzuki en la que sería la undécima defensa titular de su reinado de récord (en el momento) como campeón peso pesado IWGP. Ambos caminos se cruzarían tras esta lucha en un segmento donde Okada retaría al campeón por su presea, un reto tomado a cachondeo tanto por los fans como por el propio Tana, la cosa era que este pardillo rubio mal vestido y sin aparente talento no era el verdadero Rainmaker. El 12 de febrero de 2012, Kazuchika Okada acabó con el reinado histórico de Hiroshi Tanahashi para proclamarse máximo campeón IWGP en lo que fue una auténtica sorpresa. Nadie se lo esperaba, ni siquiera el propio Ace, quien entró con una confianza excesiva por enfrentarse a un novato sin talento ni pegada. Nada más lejos de la realidad, el Okada de ese día era muy distinto del Okada visto en el Tokyo Dome, el Rainmaker pasó de ser el hazmerreir de todos a ser un ataque letal. Un plan infalible de Gedo sin duda alguna, el comienzo de algo atemporal. La revancha se celebra cuatros meses después, en Dominion, un combate donde los roles cambian y donde el confiado ya no es Tanahashi sino Okada. Un cambio de mentalidad, un plan concreto, la sobreconfianza de su rival y una experiencia que su oponente no poseía hicieron que Hiroshi Tanahashi recuperara su campeonato IWGP. La tercera parte de esta primera entrega sería en Wrestle Kingdom 7, la casa por excelencia del campeón. Ya no había un claro exceso de confianza, ya no había chulería, solo dos luchadores peleando por ser el número uno en el escenario más importante de New Japan. A pesar del talento del Rainmaker, una vez más la experiencia es el factor determinante en la lucha. En los momentos importantes ante un claro empate técnico llevado hasta el límite por el joven aspirante, Tanahashi acababa anotando el 2-1 en el marcador gracias a la veteranía y a la inexperiencia de Okada, una que le hizo precipitarse de manera errónea cuando más importaba. En esta primera partida, Kazuchika Okada hacía sufrir a Hiroshi Tanahashi pero no conseguía quitarle ni su corona ni su puesto en la cima, de momento.
Kazuchika Okada no quería que ese mal comienzo de año le lastrase, más aún que le alejara de la cima, así que armado con más determinación que nunca consiguió ganar la New Japan Cup de 2013 para forzar un cuarto encuentro entre él e Hiroshi Tanahashi, un encuentro que arrancaría con la segunda parte de esta historia, con la segunda trilogía. Todo empieza igual que el año anterior, con un Tanahashi demasiado confiado y chulesco, con un Okada centrado y dispuesto a ganar, aunque estas se dan por motivos distintos. El Ace sigue subido desde la victoria en el Tokyo Dome, por fin le tiene pillada la medida al Rainmaker mientras que Okada solo tiene en mente recomponerse de dos derrotas sumamente duras que cortaron el que era su meteórico ascenso a la cima. El problema para el campeón es que ya no tiene a un novato en frente, ya se sabe su truco de atacar a la pierna, y todo esto se lo huele Tanahashi. Ante esta tesitura tiene que cambiar de plan, atacar el brazo sin ningún tipo de remordimiento, algo que hace que se gane los abucheos de un público que claramente apoyaba a su joven contrincante. Aunque pareciera que su plan pudiera llegar a buen puerto, la pura ansia de victoria de Okada hizo que recuperara el campeonato peso pesado IWGP. El novato no era tan novato, el número uno quizás ya no era tan número uno. Ya no era uno el rey y el otro el aspirante, ambos estaban más a la par que nunca. Esto quizás quedó más claro que nunca en su siguiente lucha, una en el G1 Climax 23 donde Tanahashi es incapaz de evolucionar mientras que Okada no hace más que demostrar su crecimiento. Sigue intentando destrozar su pierna y su brazo fallando, solo pudiendo cazar la primera de las extremidades mencionadas cuando el Rainmaker tuvo un desliz. Desesperado, intentó atacar esa pierna una y otra vez, sobre todo en esos momentos parejos donde ya ni el talento ni la fuerza bruta eran suficientes para doblegar al campeón. Tanahashi intentó de todo para no quedarse atrás y lo único que pudo hacer es sobrevivir, un empate por límite de tiempo que seguro que se sintió como una derrota para ambos, sobre todo para Tanahashi. Ante este panorama, Tanahashi marca en rojo en el calendario la fecha del King Of Pro Wrestling 2013, un evento donde Tana arriesgará todo por intentar ganar y recuperar su puesto indiscutido de número uno. En una lucha vital para el Ace vimos a un Tana donde abandonó todo lo que hizo que fuera el babyface número uno, incluido a sus fans. Más chulesco que nunca y atacando ambas extremidades mencionadas en este párrafo, Tanahashi renunció a todo lo que era y había sido para, al final, fallar de nuevo. Esta trilogía acababa justo al revés que la anterior, con Kazuchika Okada victorioso y con Hiroshi Tanahashi en uno de sus peores momentos.
Todo parecía ponerse de cara para Kazuchika Okada pero, al igual que su rival en tiempos pasados, todo se le puso en contra en el que debería de haber sido el reinado que finalmente le consagrase como el nuevo e indiscutido Ace de New Japan. Nada lejos de la realidad porque al Rainmaker le salió mal todo lo que le podía salir mal. Primero pierde por votación popular su primera oportunidad de encabezar como campeón el Tokyo Dome en Wrestle Kingdom 8 y luego AJ Styles le arrebata su preciado campeonato como nueva punta de lanza de un Bullet Club que se encontraba en quizás su mejor época. Mientras él perdía, Hiroshi Tanahashi volvió a brillar, siendo él quien arrebataría el título al Bullet Club. Ambos luchadores volverían a verse las caras por séptima vez, una séptima vez estúpidamente vital para el aspirante porque, a pesar de demostrar que claramente era igual a Hiroshi Tanahashi, si no brillaba en el escenario más importante de todos quizás nunca brillaría. La cosa es que, al igual que en Wrestle Kingdom 7, Hiroshi Tanahashi demostró que esta era su casa hasta el punto de que volvimos al pasado. Este era su momento de brillar pero falló, Okada abandonaba el Tokyo Dome llorando desconsolado y Tanahashi celebraba su quinta victoria seguida en el main event del 4 de enero. Todo volvió al punto de partida, Tanahashi volvía a ser el Ace indiscutido, Okada volvía a estar por debajo.
Aun en esa tesitura, el Rainmaker se negaba a abandonar su aspiración de ser el número uno, se negaba a claudicar así que volvió a ponerse en pie para enmendar sus errores y resurgir. El primero de ellos fue vengar su derrota ante AJ Styles capturando el campeonato peso pesado IWGP del americano en un combate con una secuencia final para el recuerdo. Su objetivo era claro, llegar al main event de Wrestle Kingdom 10 y establecerse como el número uno. Todo se puso de cara para el Rainmaker, su rival sería Hiroshi Tanahashi, estaba a una sola victoria de conseguir todo lo que deseaba: vengar sus derrotas en ediciones anteriores, demostrar que puede vencer al rey de Wrestle Kingdom, adelantarse en el marcador particular y, sobre todo, posicionarse de una vez por todas como el nuevo Ace. En un escenario donde ambos estaban más emparejados que nunca, solo una cosa decantaría la victoria: la determinación por ganar. Tras un combate igualado a más no poder y un esfuerzo enorme, por fin Kazuchika Okada conseguiría todo por lo que estuvo años peleando tras un definitivo Rainmaker: Okada ya era el Ace, Tanahashi era el pasado.
A partir de este punto sus caminos se separaron: Kazuchika Okada conseguiría un reinado de leyenda donde destrozaría todos los récords existentes a la par que crearía con Kenny Omega la que es la mejor saga de combates en la historia de todo el wrestling (uno de mis primeros posts trata sobre ello así que aquí lo dejo enlazado), mientras que Hiroshi Tanahashi centraría sus esfuerzos en el campeonato intercontinental IWGP. Sus caminos volverían a cruzarse de manera esporádica, ya fuera en el G1 Climax o en ocasiones especiales como el la exitosa defensa número 12 del reinado más largo de la historia del campeonato peso pesado IWGP. Aun convirtiéndose esta rivalidad en algo residual y quizás nostálgico, siempre quedará en el recuerdo esta historia desarrollada a lo largo de poco más de cuatro años, una donde no solo se produjo uno de los mejores pasos de antorcha del wrestling moderno sino también una historia que sirvió para elevar a NJPW hacia la cima de la lucha libre mundial ya fuera de manera directa o indirecta gracias a las consecuencias de esta. Nos queda un capítulo, el último, el más triste, el que sinceramente no quiero ver porque no quiero admitir que acaba pero todo en esta vida tiene su fin desgraciadamente. Así que en vez de pensar en cosas poco agradables celebremos el 4 de enero una carrera icónica, una que nos ha dejado auténticas maravillas como esta.


