Hace bastante tiempo dije que no quería comentar nada sobre WWE, no quería hablar de una compañía de lucha libre que no estaba siguiendo con toda la dedicación o de una mínima manera por múltiples motivos. Lejos quedaba esa infancia o esa adolescencia donde caí enamorado de la WWE, ya no era un ávido seguidor de la compañía. Quizás fuera descubrir la lucha libre japonesa con NJPW, quizás la creación de AEW, quizás que mis favoritos o estuvieran o saltarán a una de estas dos compañías o quizás porque los gustos apuntaban más hacia el tipo de wrestling que empresas como las mencionabas me daban. Regresaba de vez en cuando y le echaba una ojeada porque, a pesar de años tétricos como 2019, algunos de mis favoritos seguían ahí, pero poco a poco tanto por decisiones creativas cuestionables como por una falta de ética bastante fuerte he dicho que aquí paraba la broma. Estos últimos años han consistido en informarse puntualmente por redes, seguir los shows grandes como Royal Rumble y WrestleMania pero ya a partir de aquí conmigo no cuenten porque esto no es lucha libre, o al menos lo que yo creo que debe de ser mínimamente.
WrestleMania 42 fue la confirmación de que esto va cuesta abajo y sin freno, un show que repetía en Las Vegas en una decisión que no entendí y que tuvo decisiones en su Road To y en el evento per se que aun me parecieron más estúpidas. La frase de Kenny Omega que dice “en un futuro encabezará WrestleMania una lucha de Logan Paul y MrBeast” no va mal desencaminada viendo que ocurre en el show. Si no era constantemente enfocar a famosetes que poco o nada tenían que ver con el show ubicados en las zonas caras del graderío era tener a otro grupo de famosetes participando en activamente en este. El más potable fue un Speed que hizo un paripé de siete minutos y luego una acción para el viral de turno en TikTok pero es que el resto… Lil Yachty como manager de Trick Williams o Pat McAfee y Jelly Roll copando un main event de manera absurda, el primero cargándose una historia que podría haber sido sensacional y el segundo chupando más cámara en los shows semanales que muchos luchadores talentosos bajo contrato. La cosa es que lo demás tampoco se salva, la escasa acción en el ring solo destacó para bien en tres o cuatro de los trece combates que formaron la cartelera, una cantidad similar de combates que superaron los diez minutos de duración. La decisión de dividir WrestleMania en dos noches era para que todas las luchas durasen lo que necesitaran, ahora solo son una pequeña parte de la noche, un 36% de las siete horas y media que duró esta edición del “showcase of the immortals”. El wrestling fue lo menos importante de WrestleMania si te paras a pensarlo, Hulk Hogan desde la tumba tuvo más tiempo que algunas luchas, y si no era por una falta de tiempo claramente desmerecida como en la lucha por el título mundial femenino era porque o la lucha no tenía calidad o no tenia poso en cuanto a la historia, esa cosa que tantos fans ultras se vanaglorian de que WWE sabe hacer y AEW no. Resumiendo, WrestleMania 42 se sintió sin alma, vacío, pobre, un show de luces y colores a modo de cortina para ocultar lo vacuo de su interior, y esto no es solo un caso aislado, es un resultado, un síntoma.
WWE siempre ha sido una empresa de altibajos, una montaña rusa de calidad. Hemos visto cómo nos llevaba por un mediocre 2009-2010 para luego resurgir en un espectacular 2011-2012. La empresa de NXT Gold es también la de bañar en comida de perro a Roman Reigns o grabar a FTR afeitándose la espalda. WWE es sinónimo de altibajos pero también es donde muchos de los mejores de todos los tiempos no solo han luchado sino que han brillado, la cosa es que en los últimos años hemos visto un bajón claro. Quitando esa época entre 2023 y 2024 encabezada por gente como Cody Rhodes o CM Punk, también una época de mucho tumulto y momentos bajos en la competencia, WWE no ha hecho más que caer en un pozo de “cinema” y “money driven decisions". Las grandes historias y los grandes combates como CM Punk contra Drew McIntyre o Cody Rhodes contra Roman Reigns han sido la excepción y no la norma además de que pensar en el fan y no el dinero es algo difícil de ver en la WWE, algo que llevaba tiempo ocurriendo pero que ha ido a más desde la compra de TKO. Desde la creación de este nuevo conglomerado creado en 2023 hemos visto como Arabia Saudi sigue siendo punto importante, como vuelven o han intentado volver gente que debería estar presa, como los precios han subido una barbaridad, cómo ha incrementado el uso de celebrities a la par que los despidos masivos siguen siendo comunes y como la calidad del producto en general ha disminuido visto el uso de IA generativa tanto en videos de promoción como incluso en la parte creativa de los shows. Las cosas como son, TKO busca exprimir todo el dinero posible de WWE, y no es que el resto de empresas hagan esto por amor al arte y no por rédito económico pero es claro que TKO quiere mucha pasta por poco esfuerzo. No quieren a los fans leales que paguen 20$ por una entrada, quieren a los casuals que paguen 200$, y para TKO eso no lo consigue el wrestling más tradicional o cercano al significado del deporte, lo hacen las caras famosas de la compañía ayudadas de caras famosas de otros ámbitos. El wrestling es la excusa para obtener un highlight que venda, no el motivo número uno para que la gente compre.
La cosa es que la pseudofantasía del “cinema” no va a durar para siempre, los luchadores que todavía rascan algo de puro wrestling como CM Punk se marcharán ya sea o porque la edad avanza inevitablemente o porque quieren disfrutar de algo distinto, las grandes caras actuales ya están en sus 40 y las viejas leyendas que retenían al fan casual de antaño van retirándose poco a poco hasta el punto de que solo queda Randy Orton. Llegará un punto en el que la parte del wrestling mermará hasta el punto de no sostener la parte de los colorines y los famoseos, los fans de verdad quizás abandonen porque se ha vuelto un lujo o porque ya ni las historias ni las promos de su querido “cinema” se sustentan. Y no lo digo yo, un don nadie, lo dice la propia historia de la lucha libre. NJPW cayó de su pedestal, AEW tuvo una época de vacas flacas post All In en Wembley, WCW marchó hacia la tumba de manera dantesca e incluso WWF en los noventa lo pasó muy mal hasta que apareció alguien llamado Steve Austin. WWE va a caer tarde o temprano por sus decisiones si estas siguen en igual o peor forma, no caerá al estilo WCW porque fue una combinación de decisiones sumamente destructivas y la ausencia de un dueño con amor por el wrestling pero caerá, no hacia su fin porque es una empresa más grande que el propio deporte pero veremos seguramente una época nada halagüeña. Todo esto ocurrirá si siguen por este camino y tomando estas decisiones, decisiones donde lo primordial es el dinero a costa de todo lo demás, algo que de verdad deseo que no ocurra. Por las horas invertidas, por la nostalgia, por la historia quiero ver a WWE brillar otra vez en esto de la lucha libre, aunque las cosas como son, esto ahora no lo es o al menos no es el wrestling del que me enamoré y del que sigo locamente enamorado, ojalá cambie.
