Una amistad para salvar las estrellas

El pasado jueves fue un día ciertamente mágico para mi, una frase que ahora sin el contexto y viendo de que trata este post quizás suene algo estúpido. Soy fan del cine, muy fan, me gusta siempre que puedo escaparme a ver alguna película ya sea con mi gran amigo Ángel o por mi propia cuenta. Me encanta la ciencia ficción, pero no ese rollo fantasía sino mas el estilo de aventura espacial porque, al fin y al cabo, soy un enamorado de la astronomía y la física. Por encantarme también me encanta Ryan Gosling, actor que considero de lo mejorcito de este siglo y que tantas veces ha visto como se le escapa el Oscar de manera más o menos desmerecida. Pues, con todo esto en mente, en ningún momento mi cerebro dijo “oye deberías ir a ver Project Hail Mary”, ni siquiera tras ver trocitos del tráiler, nada. Tuvo que ser este colegio previamente mencionado quien me arrastrase al cine un jueves completamente aleatorio después de salir del trabajo tras volver a Valladolid de mi pueblo por la Semana Santa y agradezco que lo hiciera porque, sencillamente, es una de las mejores experiencias que he tenido en un cine.

Centrándonos en la película (con spoilers a partir de aquí en ciertos momentos puntuales así que avisados estáis), ¿qué es Proyecto Salvación? Pues es la segunda novela de Andy Weir que tiene una adaptación en la gran pantalla tras el absoluto peliculón de “Marte”, adaptación de “El Marciano”, capitaneada por Ryan Gosling como protagonista (o uno de los dos) y un elenco tras bambalinas curioso pero de gran nivel. La historia comienza con el biólogo molecular despertando de un coma inducido en la Hail Mary sin un ápice de sus recuerdos más recientes, rodeado de dos cadáveres los cuales son sus compañeros de tripulación en el sistema solar de Tau Ceti en una misión desconocida para él por el momento. Poco a poco va recordando quién es y cómo ha podido llegar hasta este lugar, rememorando el motivo por el que forma parte del Proyecto Salvación: las estrellas están muriendo. La causa de esto son los astrófagos, un microorganismo que se alimenta de las estrellas y que en el proceso las está matando, ocurriendo que en nuestro sistema viajan del sol a Venus en la denominada línea Petrova. Tras descubrir que son, como funcionan, por qué ese viaje y demás, una misión de investigación será mandada a Tau Ceti para salvar a no solo el sol sino a todas las estrellas y, por ende, a toda la vida de este fenómeno. ¿Y por qué Tau Ceti? Porque es el único astro del firmamento que no está muriendo.

Un buen tramo de la película se centra en esta introducción, una que es un constante tira y afloja entre el pasado y el presente. Como si nosotros fuéramos Grace recordando quien es, la peli de manera constante nos lleva de lo que está ocurriendo en la actualidad al pasado. Una introducción algo fría, quizás dura de digerir en el buen sentido de la palabra, no solo te estás comiendo una explicación larga (y muy buena por cierto) sino la historia de un pobre profesor de instituto peleando contra el hecho de no solo no saber por qué está en esa nave sino también por estar en una situación difícil como ninguna otra: Grace está solo a años luz de su hogar esperando una muerte lenta y segura. Una situación desesperanzadora y demoledora aunque el universo tiene un pequeño regalo para él y para nosotros como espectadores. En su intento por descubrir que ocurre en la línea Petrova de este sistema solar, Grace se encuentra con un cuerpo estelar raro, masivo y que se le aproxima. De manera cómica intenta escapar pero el cuerpo le persigue, un cuerpo que resulta ser una nave hecha de xenonita (si, ahora el xenón es un sólido) de un ser raro como nada que resulta estar en Tau Ceti por el mismo objetivo. Una piedra con cinco apéndices que funcionan como patas y brazos, que habla un lenguaje musical, procedente de Erin, este es el nuevo compañero de aventuras de Grace, nuestro amigo Rocky.

Lo que parecía una aventura de soledad en el espacio bastante cruda que se resuelve con ciencia y lógica como la obra protagonizada por Matt Damon se transforma de repente en un “buddy film” como ninguno visto hasta ahora. La película se transforma en una especie de suma de géneros y sensaciones dispares: acción, drama y comedia con una superaventura en el espacio como base fundacional de todo. Y que os voy a decir, es espectacularmente buena solo por esto, por este humano emocionalmente extraño y por esta roca con patas. La historia hubiera funcionado si hubiera tratado sobre esa crudeza previamente comentada pero, sin ningún lugar a dudas, no hubiera sido tan especial. ¿Y por qué es tan especial? Por muchos motivos (a partir de aquí hay spoilers gordos así que cuidado)

La dupla funciona por la base puesta no solo de la película sino de la amistad formada por accidente y obligación a la par. Tiene ese impacto de una pareja atípica junta por un fin común sumamente heroico como es el de salvar a las estrellas a la par que lo demás funciona por como es la dupla en singular y en conjunto. Primero, llama la atención por lo que son cada uno, un humano y una roca que solo pueden vivir en entornos extremadamente distintos y que ni siquiera usan un mismo tipo de comunicación. La película consigue poco a poco que te enamores de ambos por separado como en su conjunto, primero dándote ese toque empático con el héroe perdido en el espacio y después con todo este tramo donde Rocky y Grace no solo se conocen a través de gestos sino incluso logrando comunicarse y compartir nave. He leído que quizás el metraje donde ambos crean ese puente entre lenguajes es algo largo y se podía haber recortado pero pienso justo lo contrario, es increíblemente necesario para ver como comienza este bromance y como nosotros sentimos ese apego también. El resto de la peli son las vivencias de ambos, de una convivencia difícil por motivos lógicos, de mostrar los orígenes de cada uno en esas escenas como la que Grace le enseña a Rocky la tierra o incluso de hablar de amoríos. Un conjunto de escenas muy alegre pero también tiene su dosis de tristeza y melancolía gracias a momentos que dan justo donde duele, como cuando descubrimos que Rocky ha estado solo también. El bueno de Rocky ha visto morir a toda la tripulación de su nave y, al igual que Grace, ha pasado un largo tiempo solo, una soledad que también ha sido salvada por una forma de vida distinta a él. Tanto le pesa esa pérdida y tal vínculo ha formado con Grace que no quiere verle morir, yendo esto desde vigilar mientras duerme hasta darle el combustible que necesita para regresar a la tierra, algo que Grace ya daba por imposible. Un bromance tan grande que vemos cómo se forma en tiempo real, tan grande que todas esas emociones hacen que broten hacia el otro lado de la pantalla, incluso en los malos momentos. 

En la segunda mitad de la película encuentras ya esos momentos que definen el devenir de la historia. Tras analizar los astrófagos de Tau Ceti, la dupla de genios llega a la conclusión de que la clave reside en el planeta Tau Ceti E, lugar donde parece que van a morir los astrófagos en una misión de pesca espacial casi suicida. De manera ciertamente predecible por la situación y tras un gesto heroico de Grace por no perder la muestra del planeta, la nave se descontrola y nuestro profesor queda inconsciente mientras intenta estabilizar la Hail Mary para salir del planeta. En un gesto heroico, Rocky abandona su bola de hámster y consigue llevar a la enfermería a su amigo en un sacrificio tanto heróico como suicida porque este gesto también va matando lentamente a nuestro amigo rocoso. Grace despierta y tras seguir un rastro parecido al carbón, encuentra a Rocky inmóvil, en su bolita. Intenta despertarle, curarle pero parece que nada funciona, solo le queda resignarse e investigar por qué mueren los astrófagos en unas escenas que se me marcaron en el corazón a la par que una frase: “yo vigilaré mientras duermes pero, por favor, solo pido que te despiertes”. Tras una secuencia de acción para el recuerdo quizás llega el momento más agonizante de la película, uno que incluso ahora me hace llorar solo de recordarlo. La angustia de ver a esa roquita con patas no moverse y el miedo de no volver a escuchar esa melodía a la que llama lenguaje invadía tanto el cuerpo de Grace como el mío, él lo gestionaba investigando para que cuando Rocky despertase el trabajo estuviera hecho, yo lo hacía llorando como una magdalena. Y que deciros cuando todo este mal susto acaba, cuando Rocky vuelve, sabía que iba a pasar pero aun así esa alegría recorría mi cuerpo. Lo habían conseguido, Grace y Rocky habían encontrado la cura, salvaron las estrellas, volvían a casa. 

Tras esto llega el final, este último arco, el que es quizás mi momento favorito de toda la película, donde todo cobra sentido. En este momento, y gracias a la brillantez de saltar entre pasado y futuro, cruzan dos hilos argumentales brutales: que Grace no es un héroe y que Rocky puede estar muriendo. Tras dos horas de peli donde Grace se convierte en el héroe de la tierra con decisiones arriesgadas y brillantes, se descubre que en el pasado nunca lo fue. De manera trágica, la base de lanzamiento del Hail Mary explota en mil pedazos, matando al biólogo experto en astrófagos de la tripulación original, quedando solo Grace como el único reemplazo viable. Sin él no había misión, sin él la tierra moriría lenta y dolorosamente en los próximos treinta años y él tenía que tomar una decisión: arriesgarse a morir en el espacio o quedarse y morir en su planeta. En un giro de los acontecimientos brutal, el héroe que vimos resarcirse y pasar de ser un profesor fracasado a un astronauta valiente resultó que nunca fue eso. Rayland Grace rechazó ir al espacio, aceptó morir en la tierra y sólo acabó en la Hail Mary tras ser sedado en contra de su voluntad, Grace no era un héroe sino un donnadie cobardica. En esta tesitura vuelve a encontrarse Grace, regresar a casa o salvar a su amigo. La cosa es que ese Grace cobardica sin nadie a quien aferrarse es cosa del pasado, ahora es un héroe, ha salvado las estrellas junto a un buen amigo y decide realizar ambas. Grace decide ir al rescate de Rocky porque, al final, la tierra no es su casa, donde está su gran amigo rocoso es casa.

Proyecto Salvación es una peli redonda en mi humilde opinión, una peli ya vista en cierta manera también porque repite fórmulas conocidas dentro del cine pero que no hace que sea mala para nada, es más, justo esto hace que sea tanto buena como necesaria. Es quizás para el sci-fi lo que fue para el shonen Fullmetal Alchemist: Brotherhood, un anime redondo lleno de momentos especiales y emociones distintas que corona con un final feliz. Aunque toda esta adaptación de la obra de Andy Weir no se sostiene por su guion ya que esto es una parte solamente, porque sin todo lo demás no sería el largometraje tan especial que es. La peli no destacaría sin el set tan currado que es la Hail Mary o el túnel entre naves, sin los efectos que nos han dado escenas tan visualmente impactantes como la pesca espacial o la línea Petrova, sin la espectacular banda sonora de Daniel Pemberton o la fotografía de Greg Fraser entre todas las cosas. Por funcionar no funcionaria sin la dupla estelar de Ryan Gosling y James Ortiz (Iván Labanda y Rafa Romero en castellano porque su trabajo merece reconocimiento), una dupla que nos ha dado escenas mágicas incluso a veces tirando de pura improvisación. Un Ryan Gosling que, por cierto, vuelve a tener otra actuación sublime digna de Oscar. En resumen, Proyecto Salvación es una película tan única como necesaria, una oda a la amistad rodeada de una historia heroica en el espacio exterior. Una historia que no inventa ni reinventa nada pero que se echaba de menos dentro de la ciencia ficción porque a veces no hace falta que un largometraje sci-fi sea ni sumamente realista ni profundo ni oscuro. De las mejores películas que he podido ver, una sobre una amistad para salvar las estrellas.