Humo y espejos

“Humo y espejos”, “smoke & mirrors” en su versión original, una expresión inglesa nacida a raíz de los aparatos que usan magos ilusionistas en sus espectáculos que hace referencia a actos que buscan distraer en fin de buscar ocultar hechos concretos, engaños para hacer ver que algo parece mejor o distinto de lo que verdad es. Quizás en nuestro querido idioma castellano las frases hechas más cercanas a la literalidad de este refrán inglés serían “cortina de humo” o “vender la moto” aunque quizás para esta situación nos merezca la pena quedarnos con una traducción literal del término. “Humo y espejos” es quizás lo que mejor defina lo visto durante la temporada 25/26 del Real Valladolid, al menos según mi humilde opinión, meses donde mucha gente da motivos inverosímiles o falsas esperanzas para evitar decir que el equipo está cerca del abismo del fútbol profesional. Mucho mentir o, mejor dicho, mucho no decir la verdad, ya sea o por ocultarla, por maquillarla hasta que nos han pillado o por renegar de ella y buscar otras verdades que mejor nos vengan dada la situación. Cosas que mucha gente ha hecho a lo largo de estos meses.

Humo y espejos de la directiva encabezada por Ignite, porque quizás hubiera sido mejor decirnos de primeras a todos los aficionados que esta temporada iba a ser ciertamente dura, tanto por herencia como por la necesidad de sacrificar una necesidad inmediata de éxito en pos de un proyecto más rentable a medio-largo plazo. Si, esto último fue admitido por Solares y Uruñuela, se buscaba más el acertar construyendo las bases que volver a quemar naves por un ascenso que podría volver a resultar ser contraproducente, pero quizás decir abiertamente que el objetivo era el top 6 no es algo para nada realista. Quizás nos tenían que haber comentado la situación económica, que era algo dura, que había herencia y que quizás se pagasen costas de años anteriores o de jugadores ya no pertenecientes al club en un momento que no fuera a principios de febrero. Quizás, y solamente quizás, no deberían habernos vendido la moto del “compañero inversor europeo” que ha resultado ser el fondo israelí de Ben Oldman que tiene dichas participaciones para saldar una deuda económica previa. Quizás mejor haber dicho directamente la verdad aunque quede fea en vez de ahora buscar gestos vacíos de cara a la galería.

Humo y espejos de don Víctor Orta, quien se golpea el pecho con discursos manidos y frases irónicas en las presentaciones de los futbolistas que ha contratado, futbolistas que están dando una temporada más que tétrica al aficionado blanquivioleta. No le sale nada, quizás el único éxito (y muy entre comillas lo de éxito) de este Pucela sea el de Almada, entrenador que en la primera parte de la temporada hizo peleón a un equipo sin nada que ofrecer, y ni siquiera ese es su éxito porque el míster no lo trajo él por mucho que vendan que tuvo su beneplácito, fueron los mexicanos por su propia cuenta o haciendo un favor a los amigos del Pachuca. El que si que trajo Orta fue a Tevenet, un segundón de época que las dos veces que ha entrenado en el fútbol profesional español una ha acabado con cese (SD Huesca en la 15/16) y la otra en descenso a la difunta Segunda B vía farolillo rojo (Sevilla Atlético en la 17/18). Caro le ha salido cobrar favores a You First, o quizás fuera al revés y quienes hicieran el favor fueran ellos, lo que está claro es que sus fichajes no rinden ya sean por culpa del banquillo o por demérito propio. Duro decir esto cuando hasta yo mismo admití que quizás no hizo tan mal mercado veraniego para lo que podía ser la temporada y la situación económica del club, pero equivocarse es humano y reconocer errores es de sabios, confiar en quien fue echado del Leeds United y del peor Sevilla de este siglo es de crédulos.

Humo y espejos de la prensa y demás, quienes por un motivo u otro pegan tiros al aire buscando un culpable a quien atizar y que de manera mágica solucione todos los problemas. Panenkitas de turno que buscan hacer el septuagésimo análisis táctico de algo técnicamente sencillo de ver, carcas que se quedan en el inmovilismo porque para que currar si ya nos va bien o prensa que atiza a todos los palos imaginables menos a uno muy concreto por el motivo que sea. No se si es fruto de la desesperación que es ver al equipo de tu vida estar en una situación tan dura o que simplemente esto va de no morder la mano que te da de comer pero aquí no hacemos más que dar palos de ciego. Podemos hablar del arbitraje, del elemento tecnico-táctico, de los esfuerzos, del estado mental y demás polleces pero al final de lo que va esto es de meter la pelotita en la portería más veces que tu rival, y si nos están pasando por la piedra en esto la culpa serán de quienes juegan y de quienes entrenan. Y si la culpa es de estos habrá que mirar cómo han acabado ahí, y si quien los ha puesto resulta no ser un inútil sino que tenía las manos atadas pues habrá que mirar por qué tenía así las manos. El Real Valladolid está al borde del descenso y el motivo no es una roja puntual o un fuera de juego mal pitado, porque cuando últimamente no haces más que palmar por 0-3 o más poco importan esos detalles.

Humo y espejos de los aficionados, si, de nosotros mismos, aunque seamos los menores culpables de este descalabro. Quizás no sea ese el término correcto sino otro como “venda en los ojos” o “muerte en vida”. Nos falta algo, quizás la solución no sea la chorrada de animar incluso en las muy malas pero es que ni siquiera hacemos eso. Veo a la afición tan lejos de hacer estallar todo y, a la vez, tan lejos de morir con el equipo que me asusta incluso comprendiendo el motivo de este estado anímico. Lo que veo es que cada jornada que pasa cada vez menos gente sube al estadio, menos gente saca rabia por la situación, veo como simplemente abandonamos porque ya no hay ganas ni de quejarnos. Mataron la ilusión, ahora matan la rabia, hemos pasado de tener ganas del domingo para simplemente poner a parir a esa jauría de maulas del copón a que simplemente prefieras hacer cualquier plan simplemente para tener una excusa y no subir al estadio. Y con razón eh, prefiero comida familiar o echar la tarde en casa que subir al José Zorrilla para ver como nos golean finde si y finde también. Prefieres todo antes que el Pucela cuando en un pasado no muy lejano el Pucela iba antes que todo ya que, para que mentir, te sacrificas para que al final se rían en tu cara. 

No se que pasará, todavía quedan muchas jornadas aunque sinceramente me da igual a estas alturas. La indolencia ya es latente y con toda la razón del mundo, yo no quiero volver a vivir algo como en Leganés (mi primer partido fuera en meses acabó siendo un 3-0) o contra el Castellón. Por ver no quiero ver el partido contra el Granada, lo que será o una derrota que nos meta en descenso porque las mentes brillantes del club pensaron que “otro partido más de Tevenet no hará daño” o una victoria de falsa esperanza que alargue la agonía y nos pase factura como ya vimos con Sergio González. No lo sé, no quiero pensar en ello porque las veces que lo hago surgen predicciones fatalistas que acaban cumpliéndose, aunque no hace falta ser Nostradamus la verdad. Ojalá esto acabe pronto, ojalá en junio hablemos de una salvación porque, a pesar de que doy por hecho que en la 26/27 jugaremos en campos de Primera RFEF, no estoy listo para ver como mi club abandona el fútbol profesional. Que la suerte nos acompañe porque la vamos a necesitar.

fuente: El Norte de Castilla