El martes acabó quizás uno de los mangas más populares de la última década. Un manga raro, único y gamberro a más no poder, gamberro ya no en sus historia o en su arte sino en las formas de presentar muchos conceptos o en la forma en la que estos se narran. Algo tan raro y distinto dentro de una demografía llamada “shonen” que tantas veces ha albergado obras clónicas en cuanto a sus temas y narrativa que esto supuso un soplo de aire fresco. Se acabó Chainsaw Man, la última obra serializada de un Tatsuki Fujimoto, conocido por lo extraño de sus mangas a la par que por lo brillantes que pueden ser ya sea en formatos cortos como en obras de más larga duración. Chainsaw Man no fue de menos en sus 232 capítulos repartidos en 24 volúmenes, consiguió darnos una historia de “superhéroes” con “superpoderes” tan distinta a la norma tanto por los personajes como por la trama y los puntos por los que pasaba y/o trataba que no dejó a nadie indiferente. La primera parte fue justo de un pobre diablo maltratado por la vida misma que, a pesar de perder al único amigo que tuvo, pudo recomponerse y formar parte de algo más grande, de algo que podría llenarle y darle lo que buscaba, tener un sueño y alcanzarlo. Ese sueño podía ser tener una vida normal, ser más grande que la vida misma convirtiéndose en un icono o, simplemente, ser alguien libre lejos del control de un tercero. La parte uno es un caos que acaba con Denji quizás consiguiendo lo que buscaba, ser él el que decidiera, ser él quien eligiera cuál era su sueño y no ser la marioneta de otro.
Si la primera parte concluía de una manera tan sencilla después de tanto caos, dolor y destrucción, ¿qué es lo que ocurriría en la continuación? Pues que quizás Denji consigue lo que siempre quiso, ¿no? Aun teniendo el soplo de aire fresco de Asa y Yoru, la segunda parte de Chainsaw Man repetía quizás muchos de los puntos que vimos en la primera: alguien que busca acabar con el pibe motosierra, destrucción a gran escala y Denji siendo un salido que no puede disfrutar de una vida ciertamente normal. Todo esto mientras un gran mal cierne sobre este mundo, la denominada “profecía de Nostradamus”. Todo parecía indicar que ese era el gran final de la obra, evitar la profecía, salvar el mundo y que este fuera un lugar donde Denji fuera feliz junto a Asa (de manera romántica o no es una cosa que no se concreta). El problema es que, quizás, eso nunca iba a pasar. El demonio del fuego se lo dejó claro a Denji, vas a tener que elegir entre dos opciones, ¿el problema? Siempre fallaba en la elección y las consecuencias eran devastadoras, incluso en la elección más sencilla: vivir una vida normal o ser el héroe famoso, ser Denji o ser Chainsaw Man. Como si de la división X de TNA se tratase, Denji se inventó una “opción C”: ser ambas. El resultado fue desastroso, no pudo salvar a sus mascotas, no pudo salvar a Nayuta, no pudo convertirse en el héroe vanagloriado y ni tan siquiera pudo salvar lo poco que le quedaba ya que, aunque la profecía no acabó cumpliéndose, el mundo acabó siendo básicamente destruido tanto por la desaparición de la muerte como por los estragos del demonio de la guerra, ni siquiera pudo salvar a Asa y llevarla hacia ese nuevo mundo ideal. Al final, Pochita tomó la decisión, vio todos los sueños de Denji cumplirse y como un denominador común acababa siempre por sabotearlos. Vio que, quizás, Denji necesitaba seguir soñando, seguir viviendo y quizás para ello necesitaba acabar con lo único que estaba impidiendo que disfrutase de esos momentos. Pochita, tras devorar a miles de demonios, terminó devorando al mayor de todos: él mismo. Chainsaw Man ya no existe, un mundo sin él ha nacido, un mundo en el que quizás Denji y otros como Asa puedan ser felices y e ir cumpliendo sus sueños. Un mundo en el que Denji sea algo más que Chainsaw Man y que Asa sea más que un recipiente para el demonio de la guerra. La cosa es, si tan claro es el tema y el final tiene cierto tinte poético, ¿por qué ha disgustado tanto a tanta gente?
El Gran Lebowski, película de los hermanos Coen, trata de las vivencias de un tipejo de mediana edad con pintas de indigente apasionado por los bolos apodado “el nota”. Su vida toma un giro extraño cuando unos matones entran en su ciertamente deplorable hogar para agredirle, mear su alfombra y pedirle un dinero que su supuesta esposa debe. La cosa es que al Nota lo han confundido con un millonario con su mismo nombre, Jeff Lebowski, un acto que desencadenará una serie de sucesos más extraños y rocambolescos que el anterior. La película (es una peli de hace casi treinta años pero si no queréis que os la destripe ojito con lo que viene a continuación) acaba con Donny, uno de los amigos del Nota, muriendo de un infarto durante la última confrontación de los protagonistas. Una tragedia ciertamente evitable que pudo no haber sucedido si simplemente en algún punto de la trama el Nota hubiera decidido que era mejor idea irse a jugar unos bolos y olvidarse del tema. Al final, el Nota vuelve a la bolera para continuar el torneo, regresa a su día a día con total normalidad como si todo esto no hubiera ocurrido dejando un mensaje final claro: “el Nota aguanta”. ¿Qué tiene que ver esto con Chainsaw Man? Mucho, la verdad. La parte dos, al igual que El Gran Lebowski, es un pifostio descomunal donde pasa de todo, poco acaba resolviéndose y al final todo vuelve a un status quo previamente visto pero, aun con esas, con una pequeña pizquita de que quizás todo no ha sido en vano y quizás tanto el Nota como Denji han sacado algo de esta aventura en modo de aprendizaje para volver a disfrutar de la vida misma a pesar de lo nefasto que pueda ser tu pasado o el mundo que te rodea. También quizás, como dijo el propio Fujimoto hablando sobre la película y de cómo quería implementar esto en su obra, ambos dejan una sensación rara en el cuerpo de no saber que h*stas ha pasado, de una absurdez que te deja emociones de todo tipo incluso positivas. Chainsaw Man es El Gran Lebowski, y también es mil cosas más la verdad.
Entonces, ¿es el final bueno con este contexto? ¿de verdad la segunda parte ha merecido la pena? Pues, ciertamente, todas estas referencias y justificaciones quizás para algunos no sean suficientes como para que cambien su opinión negativa. Leñe, incluso yo mismo sigo viendo grandes pegas en esta recta final de la obra. Las cosas como son, el último capítulo es bueno por esa sensación ciertamente feliz que deja pero la ejecución no aterriza del todo bien, toda la recta final ocurre de repente, la periodicidad de la obra ha matado el ritmo de esta y sin duda el dibujo ha ido empeorando más y más según pasaban los capítulos. Quizás muchos de estos problemas se resuelvan con una relectura, quizás no, no lo sé. Quizás es verdad que mucha gente en occidente tiene que tomar otra perspectiva, una donde el final no lo es todo sino una parada más dentro del viaje. Quizás nos falta un poquito de cultura porque todo artista es influenciado por lo que le rodea y saber de qué trata esa inspiración nos de una nueva perspectiva. Oye, quizás hay que plantearse que la dualidad de Denji no es más que una metáfora de la vida de Fujimoto, vivir una vida tranquila con sus obritas más de nicho (ser Denji) o seguir aferrándose a una obra que le da mucho y a la vez le quita tanto (ser Chainsaw Man). También es verdad que, con todo esto en mente, quizás siga sin gustarte el final porque para gustos los colores. Que se yo, es la magnum opus de un demente tanto brillante como desesperante. No lo sé, solo puedo decir que Chainsaw Man sigue ahí para todos, con sus dos partes tanto si quieres leer ambas como ignorar una, y que Fujimoto también sigue para deleitarnos tanto con otras delicias ya publicadas como por la que será su siguiente serie. ¿Será la parte tres? Lo dudo pero nunca digas nunca. De momento, hasta que se confirme lo contrario, gracias Fujimoto por darnos Chainsaw Man.
