El 19 de julio de 2026 será un día muy recordado para millones en nuestro país, este día será recordado por ser la fecha en la que la selección española de fútbol masculino cosechaba su segundo mundial. En este día caluroso de verano se consiguió el tercer mundial en categorías absolutas, una compañera a esa primera estrella lograda en el Soccer City de Johannesburgo y otro trofeo al que sumar a los títulos conseguidos por el equipo masculino como por el femenino. Otro título para una selección masculina que alberga en su palmarés dos Copas del Mundo, cuatro Eurocopas y una Liga de Naciones. Siete trofeos que sitúan a nuestra selección masculina como una de las más exitosas de la historia y quizás la convierta en la mejor de todo el siglo XXI al conseguir seis de esos siete trofeos en los últimos 18 años.
España implica ganar en el fútbol por ser muy buenos, y si lo somos es por un modelo de fútbol y cantera sumamente exitoso desde la base hasta las categorías absolutas incluyendo clubes y selección. Ya lo dicen grandes jugadores extranjeros como Thierry Henry, el futbolista español es uno donde prima la cabeza y el conocimiento por el juego por encima del físico, además que desde pequeños se inculca la importancia del equipo por encima de lo individual. Quizás por esto la selección de Luis de la Fuente ha cosechado este tremendo triplete de títulos en cuatro años, por tener en sus manos una lista de jugadores donde muchos de ellos han compartido equipo y han estado bajo su tutela desde los 18-19 años. Le dimos palos por, por ejemplo, confiar hasta el extremo en un Unai Simon que no debería ni haber sido convocado por su floja temporada. Y ahí le tienes, un gol en ocho partidos gracias en parte a su labor junto a la gran línea defensiva española, sin fallos y transmitiendo una seguridad brutal en situaciones tan complejas como salidas a despejar en tres cuartos de campo. Ahí también estaban Mikel Oyarzabal con sus dianas, Dani Olmo jugando en el 10 de forma brutal, Mikel Merino salvando los muebles con su “zona Merino” y Fabian siendo una de los dos directores de orquesta, nombres que le han acompañado durante años y que han sido sumamente vitales en la consecución de este título mundial. Luis de la Fuente es campeón de Europa y del mundo callando muchas bocas como la mía y siguiendo a rajatabla lo que ha hecho a España tan temible en este deporte: poner el equipo por encima de los jugadores, crear una familia inseparable y dar un despliegue futbolístico imbatible.
Pero si nos ponemos a recordar méritos no podemos olvidarnos de esa España de 2008 a 2012, de esos jugadores legendarios, de don Vicente del Bosque y, sobre todo, de la persona que considero la más importante en la historia de nuestra selección: don Luis Aragonés. Yo lo he hablado con mi padre estos días, quien ha visto a la selección durante múltiples décadas, y el mismo me lo ha dicho, desde esa Eurocopa pasamos de ser un país maldito y con miedo al éxito a ser unos animales competitivos de aúpa. Si no era la mala suerte era la desgracia como en 1994 o en 2002, y si no era ninguna de esas era que no nos daba, muchas veces teniendo el fútbol de nuestro lado pero no la fortaleza mental. Como cambiaste eso Luis, como te dieron de hostias y como seguiste tirando para adelante para cambiar la mentalidad de todo un país. Mi yo de nueve años te veía como un abuelete entrañable con cierta mala leche, según han pasado los años he visto que hiciste de verdad al igual que el resto del país. "Lo único que les pido es que jueguen, que se diviertan jugando, pero metiendo, yendo…”. “¿Para qué estamos aquí? Para nosequé de los cuartos dice la prensa. No, pensamientos de ese tipo desterrados”. “Ni cuartos ni hostias. Hemos venido a ganar. Somos los mejores y lo vamos a demostrar”. “Del subcampeón no se acuerda nadie, hacemos fiesta si les ganamos y como somos mejores les vamos a ganar”. “Ganar, ganar, ganar, y volver a ganar. Eso es el fútbol”. No os hacéis a la idea de la gente que he visto recordar estas palabras los días previos a la final con un convencimiento y una positividad enormes, como si la idea de perder la final fuera un mero espejismo, y esta mentalidad se la debemos al sabio de Hortaleza. Todo esto es también tuyo, zapatones.
Ya he hablado mucho de los entresijos del fútbol, hablemos del por qué esto es tan bonito. Quizás mucha gente se quede con la fiesta, con ganar o quizás solo vea este deporte como una banalidad de 22 tíos y una pelotita. Pero yo creo que puede ser algo más y, en verdad, ese "algo más" es algo impepinablemente precioso. Venir desde una posición no futbolera o de sufrir una barbaridad con tu equipo (como es mi caso) y formar parte de una gran fiesta ganadora es una preciosidad sin duda pero yo me quedo con otras historias. Me quedo con la conversación con un amigo que es como mi hermano recordando cuando éramos críos hace 16 años y estuvimos un finde de verano en Segovia sin quitarnos la camiseta de la selección. Con la conversación con otro muy buen amigo recordando a su abuelo, con quien deseaba haber visto la segunda estrella y recuerda con cariño como vivió con él la primera. Con las charlas con mi padre viendo los partidos, partidos que vi con él porque venía todos los días de partido desde el pueblo y porque yo rechazaba todos los planes posibles. “¿Te acuerdas cuando ganamos el mundial, jefe? Que al celebrarlo te tiraste encima mío y casi me asfixias”, “Tranqui, que este año si ganamos no te asfixio que estás más grandote ahora” nos decíamos el domingo minutos antes del pitido inicial recordando la final contra Países Bajos. Es ver la foto que tengo de niño con la copa del mundo junto a recordar estos y más momentos y salir alguna que otra lagrimita. Si lloré tras el pitido final en el pasado domingo no fue de felicidad por haber ganado sino de felicidad por recordar estos momentos y crear otros nuevos. Por pensar en el siguiente mundial que ganaremos porque ya lo dijo mi padre, otra estrella verán sus ojos (ojalá sean muchas papá). Por estas cositas he titulado este post con la icónica frase de Antonio Esteva, porque esto es el fútbol, la vida en noventa minutos, la cosa más importante dentro de las cosas sin importancia. Puede ser el mejor día de tu existencia, el peor, estar lleno de euforia o de tristeza, sentir nervios o simplemente no sentir nada. Esta hora y media es un reflejo de la vida misma, una hora y media que puede generar recuerdos preciosos e inolvidables. El fútbol, la vida en noventa minutos, y que bonita puede ser la vida como lo fue ese domingo 19 de julio de 2026.

