Otro verano pasa, otra temporada de fútbol profesional arranca. Las últimas dos no han sido las mejores para un fan del balompié si tu equipo es el Real Valladolid (u otro en situación similar o peor porque siempre se puede ir a peor), por lo que quizás una tercera no apetezca mucho. También es verdad que, por otro lado, a la tercera va la vencida y este parece que, como mínino, va a ser un curso que de ganas de tirarme por la ventana. De momento el Pucela ha dejado las cosas claras: no están nadando en dinero por lo que este año toca abrocharse el cinturón y construir las bases de un proyecto de crecimiento planteado para el medio-largo plazo. ¿Ha arrancado bien? Pues tiene su miga todo esto, así que veamos que tal pinta todo desde mi punto de vista.
La temporada pasada fue quizás una de las más duras para mi como abonado del Real Valladolid. Fue una temporada difícil, no a niveles de la 24/25 pero si por generar una desidia y una indiferencia que pocas veces he vivido con mi equipo hasta el punto de no realizar el post que siempre hago por cada final de temporada (aunque sí que hablé de parte de ella aquí). Tres entrenadores, decisiones sin sentido por parte de la dirección deportiva, coquetear con Primera RFEF y acabar la temporada salvando ese mencionado descenso en las últimas jornadas. Fue difícil, fue duro y fue la primera vez en la que quizás nos empezamos a dar cuenta que el Real Valladolid no era ese regular de primera que simplemente visitaba segunda para volver a no mucho tardar y así en bucle, ya estábamos empezando a asumir que al Real Valladolid le tocaba sufrir en segunda y construir el futuro desde mucho más abajo.
El mercado de fichajes es la mayor prueba de que ese es el presente y el futuro del club. Catorce altas durante estos meses de jugadores de perfil más “bajo” a lo que estamos acostumbrados por ser en su gran mayoría talento joven o traído desde Primera RFEF o que jugó la pasada campaña en equipos de media-baja tabla de la segunda categoría del futbol español. Catorce nombres para relevar a una vieja guardia de bastante bajo nivel que en su momento vino para también relevar a otra vieja guardia de bastante bajo nivel, un proyecto nuevo para reemplazar otro proyecto fallido más. A esto se le suman unas casi veinte bajas donde unos cuantos son la gran mayoría de fichajes que se realizaron en invierno (convirtiéndose en fracasos de manera obvia), una veintena donde unos cuantos tuvieron que marcharse tras pasar por la caja de la rescisión y otros como Stanko Juric o Marcos André ni siquiera han abandonado el club (todavía). Si que hay que decir una cosa para ser justos con Víctor Orta y es que tanto la rapidez de las altas como la cantidad de las bajas ha sido sorprendente para bien, pensando yo personalmente que este mercado iba a ser un fiasco y que este nuevo proyecto no iba a despegar por todas las rémoras del pasado más reciente. También destaco la idea base, la de que, vistas las circunstancias, tengas que apostar por talento joven y con perspectivas de crecimiento. Las cosas como son, Orta es un director deportivo que no me gusta nada porque no suele acertar con muchas de sus decisiones pero que quizás su mercado ha ido en una buena línea viendo como el límite salarial está por los suelos hasta el punto de necesitar una ampliación de capital y realizar recortes en departamentos que no necesitaban de estos recortes. La cosa es que, si como proyecto para ser un equipo asentado en la parte media-baja de la tabla y no sufrir por el descenso que busca crecer en el transcurso del tiempo/temporadas no tiene mala pinta, el capitán del barco quizás es el peor posible. Ese capitán es Fran Escribá, quien llegó la campaña pasada para salvar la temporada y que su periplo debería de haber acabado el día que terminó la 25/26.
Se lo he leído a mucha gente durante la pasada campaña, el verano y el comienzo de esta: Escribá ya nos está empezando a tener quemados. Es quizás el sentimiento que mejor explica todo lo que rodea al entrenador, ese sentimiento de que no es el hombre para este proyecto y que quizás no se come las uvas en la ciudad del Pisuerga o acaba marchándose en junio tras tirar a la basura la temporada. Ya lo empezamos a ver en los partidos cuando estaba el equipo salvado y en este arranque de temporada, la luna de miel duró lo que dura el efecto del nuevo entrenador y ya empezamos a calar todos sus rasgos negativos: los cambios que empeoran al equipo, su cabezonería con ciertos jugadores, la completa ausencia de análisis del rival y unas constantes ganas de prepararla en rueda de prensa negando errores claros e intentando justificar lo injustificable. Es un entrenador de “sota, caballo, rey”, uno que te sirve para salir de marrones como ya ha demostrado pero al que no se le puede confiar un proyecto de equipo joven con perspectivas de crecimiento. Dicho de otra forma, Escribá está más quemado que el brasero de la casa de tu abuelo en el pueblo y quizás para la idea que tiene el Pucela necesitas un perfil de entrenador que vaya de la mano con esto. El Castellón está ahora ahí arriba con Pablo Hernández y el Mirandés tuvo buen periplo en segunda con muy poco bajo las órdenes de gente como Alessio Lisci o Andoni Iraola. Si buscas una plantilla joven con perspectiva de crecimiento quien esté al mando quizás sea un entrenador con ese mismo perfil o que sepa gestionar justo eso, no al enésimo entrenador con carrera en el fútbol profesional español con más contratos rotos y equipos mediocres a su espalda que otra cosa. Salvo que esté equivocado de manera sumamente amplia, tiene toda la pinta de que el verdadero pistoletazo de salida de este proyecto se dará cuando Escribá se marche y mejor tirar a la basura dos o tres meses que una temporada completa, aunque creo que todos pensamos que la mejor opción era haber separado caminos en junio.
No puedo decir que este Real Valladolid sea ilusionante porque la ilusión escasea tras dos temporadas para olvidar. Quizás por todo esto seamos realistas y asumamos con elegancia y una pizca de resignación que acabar la temporada 12º no sea algo tan negativo. Ahora lo que se necesita es calma, estabilidad y saber que hay una idea sólida y con sentido para el futuro a corto, medio y largo plazo. Todo esto se amplifica viendo el estado ruinoso en el que se encuentra el Real Valladolid tras la marcha de Ronaldo. Muchas decisiones dolorosas como despidos y demás son ciertamente entendibles (que no es lo mismo que las comparta) viendo el estado económico en el que se encuentra el club, haciendo esto también que se vea como lógica la decisión de apostar por lo barato y lo joven en la plantilla. El famoso “si hay que comer mierda tres temporadas para estar donde queremos en cinco lo hacemos”. La cosa es que hay muchos peros alrededor de toda esta idea, Víctor Orta ha dejado muchas más decisiones negativas que positivas en el área de la dirección deportiva y Fran Escribá es la antítesis de lo que necesita una plantilla como esta en el banquillo. No espero mucho de esta temporada, solo pido un poco de la calma que no he podido disfrutar estos dos años, una calma que traiga de la mano no un ascenso o un descenso sino un futuro mejor que el pasado visto, aunque este tarde en llegar lo suyo. Aunque sí que hay una cosa innegable, el miedo de caer al abismo que vimos la pasada temporada sigue latente.


